Panther

En casa siempre hemos tenido gatos. De niño tuve un perro muy especial, pero han sido los gatos los que me han acompañado durante toda la vida. Fué mi hermana mayor la que empezó la costumbre al traer a casa sin cesar gatitos perdidos o abandonados cuando era todavía muy pequeña. Al final siempre alguno se ganaba el corazón de nuestros padres y se quedaba en casa. Años más tarde descubrí que a mi abuelo paterno también le gustaban los gatos, por lo cual de alguna manera u otra habían estado siempre cerca. Será por eso que me llevo bien con ellos. Cuando elijo uno, suelo ser exigente y no cualquiera entra en mi familia. No debe de ser de raza comercial, han de ser inteligentes y nunca deben entrar en la familia después de los 7 meses, sobre todo si son callejeros ya que si son mayores siempre se acordarán de las lecciones que les enseñó su madre y no se fiarán al cien por cien de tí. Para un gatito más pequeño rápidamente te conviertes en su colonia e inclusive a veces en su madre.

Con tantos años compartiendo aventuras con los peludos de la familia es fácil reconocer a un gato inteligente. Fué así cómo pude reconocer a Panther, pero antes de contaros la historia es importante que sepáis que vivo en Carasa, un pueblo de Cantabria pegado a un hermoso estuario donde suelen haber gatos callejeros ya que hay personas que les alimentan para mantener alejadas las ratas que viven en las rocas en la orilla. Mi casa está a las afueras del pueblo y tenemos como costumbre alimentar a los gatos que se acercan. No les dejamos entrar dentro de casa ni les consideramos miembros de la familia, pero les damos de comer todo el año. Así es como conocimos a Panther. Le llamamos así porque era totalmente negro y en Inglés suena más cool.

 

Gatito negro / Black Kitten

Panther de pequeño

La verdad es que nació en el barrio ya que recuerdo verle de pequeñito cuando su madre le traía a comer, pero no fue hasta que se convirtió en adulto cuando empezó a venir regularmente. No era un broncas y dejaba comer al macho alfa sin enfrentamientos y también a cualquier gatito pequeño. Un gato tranquilo pero que nunca dejaba que le tocara y siempre se mantenía alejado a un paso de mí.

Una mañana me levanté como siempre para empezar la clase de Inglés virtual que era uno de mis trabajos y como todos los días puse el agua a hervir para mi taza de té PG Tips, di de comer a Déjà Vu, nuestra gata también de color negro y miembro de la familia, y después en un pequeño cuenco cogí la ración de pienso para gatos y salí al jardín para dar de comer a Panther, que era el único de los callejeros que me esperaba a esa hora de la mañana. Allí estaba, esperando pero era obvio que algo le pasaba. Se movía con algo de dificultad y tenía una oreja desgarrada. Pensé que se había peleado con algún otro gato, pero estábamos en pleno invierno y no había gatos en celo. Tampoco había turistas de ciudad en las casas cercanas que se alquilaban como casas rurales. Suelen tener perros terriblemente mal educados que atacan cualquier cosa que se mueva, inclusive animales de granja, pero no había nadie en esas casas. Me acerqué a Panther y este no se alejó, le acaricié con suavidad y le dejé su comida que no tuvo ningún problema en comer, así que le dejé y me fuí a mi oficina en casa para conectarme y dar la clase.

El siguiente día empezó con la misma rutina hasta que vi a Panther. Tenía la pata de atrás desgarrada. Una herida bastante fea pero cojeando se acercó a mí y esperó su comida. Antes de dársela le acerqué mi mano para que la oliera y no se alejó, nuevamente me dejó que le acariciara. Lo dejé comiendo, pero era obvio que algo estaba pasando. A media mañana subí a tomar el café con mi mujer y como ella tiene el sueño mucho más ligero que el mío le pregunté si había oído algo durante la noche. Ya que Panther se había peleado con algún animal, pero no había oído nada.

Al otro día lo mismo, pero las heridas eran peor. La de la pata sangraba y podía ver los músculos bajo su piel y todo su lado izquierdo estaba marcado por una herida que empezaba en el hombro y casi llegaba a la pata de atrás. Le dí su comida pero le costaba un poco comerla. Le hablé con cariño todo el rato mientras comía y le acaricié cuando me dió una oportunidad, pero solo me miró una vez y al acabar lentamente se fué a una esquina y se tumbó a dormir. Fuí al garage que en casa era el trastero y busqué una caja donde puse unas toallas viejas y la dejé a su lado. Unas horas más tarde estaba metido dentro durmiendo.

La siguiente noche me estuve despertando de continuo con cualquier ruido, pero no oí nada parecido a una pelea de gatos. Aún así por la mañana al sacar la comida, ví que Panther estaba mucho peor. Tenía una herida que cruzaba su ojo derecho y yo estaba seguro que lo había perdido, pero no. Al fijarme ví que todavía lo tenía pero la herida estaba sangrando y la que tenía desde el primer día soltaba pus. Casi no se podía mover y menos comer. Ese día sólo tenía clases por la tarde así que decidí meterlo en casa para tratar de curarle. Se resistió un poco pero le ofrecí comida de lata de Déjà Vu y la tentación pudo con él. Lo bajé con su caja a mi oficina que estaba en el sótano junto con comida y una caja de arena, pero no hizo más que dormir durante todo el día. A media tarde le desperté y con cuidado le limpié las peores heridas. Aparte de algún bufido avisando de que no me pasara, me dejó que acabara. Después de terminar de trabajar le oí maullando y así siguió durante toda la noche. Todos en casa dormimos fatal.

Al día siguiente bajé y le encontré dando vueltas nervioso por la oficina. Había tirado unas cuantas cosas, pero parecía tener más energía. Le dejé su comida justo cuando somó el móvil con un mensaje diciendo que me habían cancelado todas las clases de Inglés. Les llame extrañado ya que los alumnos estaban contentos con mi método de enseñanza. Me dijeron que era por temas internos de la empresa. Que ya me avisarían si las retomaban.

Ese día estuve enviando currículums pero con pocas esperanzas ya que me había costado mucho ganar y mantener esas clases de Inglés. Aproveche para curar mejor las heridas de Panther que para entonces se dejaba, pero su cola no dejaba de moverse de lado a lado, así que tuve cuidado de no hacerle daño ya que seguro que acabaría con un buen arañazo.

Esa noche los maullidos de Panther fueron a peor y oí más de un ruido de golpes viniendo de la oficina. Al otro día vi que uno de los ruidos fue mi portátil, que no se encendió y también uno de los monitores estaba en el suelo con una raja de arriba a abajo. Me empezaba a arrepentir de haberlo bajado. Me había quedado sin trabajo y ahora sin portátil y un monitor menos. De todas maneras seguí cuidando de él y parecía moverse mejor y comer bien. Pero para nosotros las cosas fueron a peor ya que a mi mujer le cancelaron las clases de Chi Kung en Solares y clientes particulares le dijeron que volverían más adelante. Mi hijo mayor que tenía que ir a Madrid, buscó un viaje en Bla Bla Car que resultó ser un timo donde le robaron doscientos euros. Las cosas definitivamente estaban yendo de mal en peor.

Esa noche no pude con los gritos desgarrados de Panther intercambiados por golpes en la oficina y con bufidos y maullidos, así que le abrí la puerta y salió como un tiro quedándose en la entrada de casa mirando hacia la línea de árboles que marcaba una plantación de eucaliptus y un pequeño bosque autóctono que todavía quedaba sin tocar. Miró un rato en esa dirección y se sentó como esperando algo. Yo tenía que descubrir lo que estaba pasando así que decidí quedarme despierto. En la segunda planta había una ventana que miraba al frente de la casa donde podía ver la verja, el camino que llegaba a casa y a unos cien metros los árboles. Puse una silla y esperé a ver si podía ver lo que pasaba.

Me desperté de un salto. Me había dormido sin darme cuenta pero algo me había despertado. Miré hacia afuera pero todo seguía igual, excepto que Panther miraba fijamente a los árboles. De noche para mi todo parecía una mancha negra en la distancia pero me pareció ver movimiento de algo que se acercaba. Apagué la luz del pasillo para que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad y ví lo que parecían ser animales corriendo desde el bosque. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi dos corzos, varios conejos acompañados por una familia de zorros y varios animales más pequeños que no pude distinguir, todos corriendo en la misma dirección alejándose de la negra línea de árboles. El extraño grupo cruzó a toda velocidad delante de casa y desaparecieron en dirección al agua. Panther no quitaba ojo de los árboles, así que yo también hice lo mismo a la vez que una sensación extraña empezaba a invadir mi cuerpo. Todos los pelillos de mi piel se erizaron cuando en la oscuridad de los árboles vi como que parte de esta se tornaba más oscura, parecía separarse de la negrura del bosque y empezaba a acercarse. Panther se levantó con toda su piel erizada, pero sin hacer ningún ruido y esperó.

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Esa sensación extraña que yo sentía se convirtió en el miedo más visceral que jamás había sentido cuando la sombra empezó a tomar forma en algo, en algún tipo de ser que caminaba erguido y era enorme. Cuando estaba ya cerca de casa lo ví bien y un miedo que llenaba toda mi existencia se apoderó de mí. Me oriné encima pero en ese momento no me di cuenta, solo veía un ser de más de dos metros de altura, de color negro profundo y una musculatura que marcaba cada unos de sus movimientos. Los brazos parecían a los de un gorila, pero las piernas eran rectas y gruesas y la cabeza, pequeña en proporción sólo tenía un ojo que parecía brillar con una oscuridad brutal. En mi cabeza una vocecilla decía que no podía ser, que los ojáncanos no existen, y aunque mi yo adulto moderno, educado y usuario de Internet me decía que eso no era real, allí estaba ese ser acercandose a mi casa dando grandes pasos, salido de la mitología de esta tierra, pero no era como los dibujos de Sara Temiño, o sí lo era pero el miedo que generaba y que lo invadía todo no salía en sus libros. A todo excepto a Panther que dio unos pasos hacía la verga tan erizado que parecía el doble de grande, pero diminuto en comparación con el ser.

El ojáncano se detuvo y miró al gato y de pronto advertí que sabía que yo estaba allí mirándole. Levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos. Honestamente no sé si fué en ese momento que me oriné encima o volví a hacerlo por segunda vez ya que solo era consciente que ese ser me veía y yo no podía moverme. No podía escapar. No podía respirar. No podía siquiera pestañear o gritar. En cualquier momento entraría en casa y sería el fin de mi y mi familia. El ser dio un paso más pero Panther no cedió su lugar. En ese momento ocurrió algo inesperado. Toda la oscuridad del ser desapareció y en su lugar había una mujer alta, rubia e increíblemente atractiva. Sentí un cosquilleo entre las piernas cuando me sonrió y entonces supe que estaba perdido. Sea lo que sea que esa extraña mujer quisiera hacer, yo no la detendría. Ella sonrió mientras me miraba y abrió la verja. No sé como ocurrió ya que fué muy rápido, pero Panther estaba encima del atractivo ser hecho una furia de dientes y zarpas. Esta dio unos pasos hacia atrás, sus uñas se convirtieron en zarpas y dió a Panther un terrible golpe que le hizo saltar por los aires y caer en el jardín. Pero se levantó y volvió a por ella. El ser se detuvo, se giró, se convirtió en una sombra que parecía tener alas y se alejó hacia el bosque. Yo seguía aterrorizado, pero ya era consciente de la casa, de estar mojado y de qué Panther necesitaba ayuda. Salí a todo correr y lo encontré tirado en la entrada de casa con una herida que le había desgarrado todo la pata derecha, con el resto de heridas abiertas y sangrando. Lo llevé a casa, le limpié las heridas lo mejor que pude y lo dejé en su caja, pero en el salón de casa. Me duché y metí mi ropa en la lavadora. Al volver al salón encontré a Déjà Vu sentada a su lado observándolo. Le dije a Deja que le cuidara y me fuí a la cama, mi mujer no se había enterado de nada, cosa que me extrañó muchísimo.

Al siguiente día me llamarón de la empresa donde daba las clases y me dijeron que habían solucionado el problema y que en dos días volvíamos a empezar. A mi hijo Bla Bla Car aceptó que eran algo responsables del timo que sufrió y le devolvieron parte del dinero y a mi mujer le dijeron desde Solares que había aparecido gente nueva y podría seguir dando clases de Chi kung. Yo no necesité mucho para darme cuenta quién había sido el responsable de esos días de negatividad y mala suerte así que cuando esa noche Panther quiso salir al jardín le dejé, a pesar de que seguramente no sobreviviría la noche. Lo miré por un buen rato allí malherido sentado en la entrada de casa y cerré la puerta dejándolo solo frente a esa cosa. Avergonzado de mi cobardía me fuí a la cama y sin darme cuenta dormí toda la noche de un tirón.

Lo encontré tirado en la puerta de casa. No se movía pero noté que respiraba. Lo cogí con cuidado ya que tenía más heridas abiertas de las que pensé que un animal podría aguantar. Dejó un charco de sangre en el sitio y lo puse sobre una toalla limpia. Puse desinfectante en las heridas y ni se movió. Me lavé las manos para quitarme la sangre y lo vendé lo mejor que pude. Con una jeringa le di de comer la gelatina esa que trae la comida de gatos en lata. Durmió todo el día, pero al llegar la noche se despertó y cojeando llegó hasta la puerta y me miró. Yo recordé el terror que invadió todo mi ser la noche que la ví y lo dejé salir. Sería su última noche y yo no sabía que ocurriría después pero un instinto ancestral me dió una fuerza inesperada y salí al jardín. Me puse de pié de espaldas a la puerta de casa mirando hacia el bosque y esperamos.

La oscuridad se acercó en forma de ojáncano. Con cada paso que daba la casa parecía temblar. No comprendía como no despertaba a todos pero era mejor eso que el miedo que me estaba invadiendo. Panther se puso de pie y caminó hacia la verja y sin darme cuenta frente a mi estaba esa mujer alta y rubia con curvas que me recordaban a las de mi mujer y me dejaban sin respiración. Con ropa como una capa y vestido ajustado y suelto a la vez que dejaba ver justo la piel suficiente para que la imaginación hiciera el resto. Era incapaz de moverme pero empecé a sentir una erección que crecía al ver esas curvas sugerentes. No podía comprenderlo. Todo mi ser sabía que eso no era una mujer y todo mi cuerpo quería gritar y salir corriendo de allí pero no, en vez de eso una erección. El ser me sonrió abrió la verja y dio un paso para entrar mientras me miraba. Panther atacó, pero el ojáncano le estaba esperando, sacó sus garras y se preparó para darle el último golpe. Sin fuerzas y más como un murmullo dije “no”. El ser se giró como si yo hubiera gritado, y se dirigió hacia mí con forma de mujer nórdica pero con uñas como las de un tigre. Yo ya me había olvidado de cualquier erección y esperaba mi muerte, cuando Panther le arañó y por un segundo el ser lo miró. En ese momento una sombra negra como la noche más profunda, pero con un collar amarillo que brillaba como la estrella más hermosa cayó sobre el cuello del ser y mordió profundamente y sin miedo. Era Déjà Vu, mi pequeña gata. El grito del monstruo fue como un golpe de viento que golpeó toda la casa, y segundos más tarde el bosque, y de pronto ya no había nada. Solo yo, Panther tirado en el suelo y Déjà Vu que le estaba lamiendo las heridas. Me acerqué a los dos gatos y me puse de rodillas a su lado y lloré mientras acariciaba a la pequeña gata.

Al día siguiente llevé a Panther al veterinario, que no podía creer que estuviera vivo. Lo dejé allí ya que necesitaría varias operaciones y volví a casa. No sabía cómo contar a mi mujer lo que había ocurrido pero mientras conducía a casa decidí que lo mejor era contarlo como un cuento. Un relato más entre muchos.

Este relato está basado en un cuento de Neil Gaiman que me gustó mucho y como el el curso de escritura que él mismo da en Master Class dice que no hay que dudar en escribir cosas que se basan en las ideas de otros autores, pues aquí tenéis a Panther. Se basa en el original «The Price«.

Obviamente debo agradecer a Neil por la idea, pero también a Loreto Alonso-Alegre por la primera lectura del borrador y a Dolores Póliz por la edición.

 

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Alejandro.

Comentarios
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8 Comentarios

  1. Loreto

    Wow, una historia que engancha y quieres saber más.
    Gracias por crear un pequeño tributo a esos seres guardianes que tienen como misión proteger a su familia.
    Me ha encantado!

    Responder
    • Alejandro Ahumada

      🐱🐱

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  2. Dolores

    Me ha gustado mucho el relato. Verdaderamente los gatos pueden ser «algo» más que mascotas. 👏👏👏👏

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  3. Dolores

    Muy bueno el relato. Me ha gustado mucho la idea de los gatos protectores. 👏👏👏🐈🐱

    Responder
    • Alejandro Ahumada

      🐱 😀

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  4. Paddy Ahumada

    Interesante relato que, desde su comienzo, mantiene el interés.
    Faltó pulir algo el final, explicando, por ejemplo, donde nació y cuando la ojancano y cuáles son sus principales características.
    Felicitaciones.
    P.

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  5. Paddy Ahumada

    Eso de identificar a la ojancano tiene que ver conque entiendo que se trata de un monstruo cántabro, masculino, sanguinario, enorme. Es así?

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    • Alejandro Ahumada

      Gracias por su comentario. No entré en detalles de lo que es un Ojáncano no solo porque por aquí la mayoría sabe lo que es, si no que quería que a los que no lo saben les entrara la curiosidad por saberlo.

      El Ojáncano es un ser que solo es masculino de la mitología cántabra. Yo lo combiné con otro ser mitológico que es femenino pero bondadoso que es la Anjana. No la llamé así y la describí como una mujer nórdica para no romper su reputación 😀

      En la mitología de Cantabria esos dos seres nunca se juntan, pero lo bueno de escribir cosas es que uno puede hacer una ensalada de personajes. Sobre todo que no pretendo dar a conocer seres mitológicos que ya son conocidos, si no que darle un giro a ese personaje y que no sea como siempre.

      Descripción del Ojáncano mitológico: https://ahumada.es/wp-content/uploads/2022/03/SaraTemino-scaled.jpg

      Descripción de la Anjana mitológica: https://ahumada.es/wp-content/uploads/2022/03/Anjana-scaled.jpg

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