Al Otro Lado

Capítulo Uno.

En una terrible guerra, ya tan olvidada que muchos la quieren repetir, un piloto atrapado dentro de su avión en llamas, cae al vacío.

Es imposible abrir la cabina y el humo que entra se convierte en fuego y sube por mis piernas y rápidamente me llega a la cara. Trato de protegerme con mis manos heridas, pero el fuego me devora la piel a mordiscos llenos de aceite y dolor. No puedo más y grito desesperado mientras miro hacia arriba donde puedo ver más la alfombra verde del suelo que el cielo azul. Mi grito se ahoga en un ruido ensordecedor y todo se mueve. Después sólo silencio.

Estoy boca abajo tirado en la hierba. Siento su olor y frescura en mi cara y me doy cuenta de que no me duele nada. Abro los ojos pensando que he sobrevivido a la caída y lo primero que veo es hierba de un verde brillante y no muy larga. Algunas margaritas se asoman para mirar el Sol y una abeja se asusta al moverme para poder sentarme. Estoy a los pìes de una pequeña colina ondulante vestido de uniforme y busco el avión, pero no hay vestigio alguno de él, ni siquiera humo que lo pueda delatar. Me tumbo de espaldas y respiro profundamente el aire puro que huele a flores silvestres.

“Creo que estoy muerto” pienso. “Qué bien. Esto tiene buena pinta.”

Golondrina

El Sol calienta agradablemente y de vez en cuando algún insecto se acerca a mirarme, o por lo menos esa sensación me da. Un grupo de golondrinas pasa a toda velocidad justo por encima. Una de ellas se separa del grupo y se me acerca. Da unas vueltas y se aleja trisando en dirección a lo más alto de la colina, siguiendo a las demás. La observo hasta que desaparece pero puedo seguir oyendo pequeños gritos que vienen de esa dirección pero ahora en vez de golondrinas suenan como niños jugando.

Me levanto con cuidado, todavía con miedo a que las quemaduras me duelan, pero no encuentro ninguna y me siento perfectamente. Al llegar arriba de la colina, veo que al otro lado hay un pequeño río rodeado de prados con algunos árboles. A mayor distancia, al otro lado del río, veo un bosque de grandes robles y justo en la orilla un grupo de unos siete niños jugando. Por alguna razón pienso que se parecen a las golondrinas. Los observo un rato y decido acercarme para preguntarles dónde estoy cuando de la nada, aparece a mi derecha un tejado que sobresale por encima de otra colina. Prefiero encontrarme con algún adulto así que camino en esa dirección.

Es un edificio de dos plantas bastante grande, con una amplia puerta principal y ventanas puestas en filas regulares por todas las fachadas. Un aspecto de algo oficial como un instituto o un hospital pequeño. Entro por la puerta y encuentro una especie de recepción pero aunque oigo voces humanas no veo a nadie. Me pongo a caminar en dirección a las voces pero a pesar de pasar varias habitaciones, estancias y pasillos nunca logro llegar a ellas. Me empiezo a sentir muy cansado y en ese momento veo una habitación que parece más de una casa que de un hospital con una cama muy tentadora. Me tumbo para descansar y me duermo.

Me despiertan unas voces cercanas. No sé cuánto tiempo he dormido, pero salgo de la habitación y me doy cuenta que las voces vienen del cuarto de al lado. Me acerco y miro hacia adentro. Con cara de estar recién despertada veo a una niña de unos ocho años, pelo castaño claro y vestimenta muy cuidada, hablando en un idioma que no comprendo con un señor mayor que está sin afeitar, y lleva una chaqueta de lana, unos pantalones viejos y un gorro con orejeras como los que usan pueblos nativos de los altiplanos del mundo. La niña parece preocupada, pero el hombre se le acerca y coge entre sus manos la de ella que inmediatamente sonríe y se la ve feliz y en paz. Después él le acaricia la cabeza y los dos salen de la habitación cogidos de la mano. La niña vuelve su vista hacia mí por un segundo y sigue charlando con el extraño hombre, en ese idioma desconocido mientras se alejan por el pasillo.

Hombre mayor con gorro andino

—¡Disculpe! ¡Oiga!— le digo al hombre antes de que se aleje mucho.

—¿Pero qué haces tú aquí?— Me dice después de girarse, con un tono algo enfadado.

—Realmente no lo sé. Ni siquiera sé dónde estoy—.

—Pues estás en el sueño de Dolores. Esto ni siquiera debería existir para ti—.

Me quedo mirándole sin decir nada, estoy en blanco.

—¿Eres el piloto que cruzó el cielo hace unos días quemándose?— me pregunta.

— Supongo que sí—. le contesto —Pero para mí solo ha sido hace un rato—.

— ¿Y qué esperas si te duermes en un sueño? Y en el sueño de otra persona. Vaya morro—. me contesta. —Que sepas que diste un susto a varias golondrinas… y niños. Ven, siguenos. Después hablamos tú y yo—.

Camino unos pasos tras ellos. El hombre es solo un poco más bajo que yo y eso que dicen que soy muy alto. Bueno, por lo menos mi madre me lo dice. Me acuerdo de ella y me pregunto qué le habrán dicho. Seguramente alguna tontería como que he muerto por la patria como un héroe.

La niña me mira y le dice algo en ese idioma al hombre mayor, pero no la entiendo.

—Es Español—. Me dice. —Es lo que hablan en España—.

“Jajaja“ pienso. “Muy gracioso”

—En gran parte de Sudamérica también — sigue.

— Sé lo que es el Español—. le digo —Pero no es mi idioma—.

—Seguramente alguna vez lo será—. me contesta. —Ya que Dolores me dice que le pareces familiar—.

No entiendo nada.

 

Valle con río pequeño

Todavía pensando en lo que aquel hombre me había dicho, salimos fuera de aquel edificio y nos acercamos caminando hacia la colina. Desde arriba vuelvo a ver el grupo de niños jugando junto al río y a mi derecha una pequeña estación de tren. La vía apenas se distingue entre la hierba, pero un poco más adelante veo que hace una curva muy cerrada bordeando otra colina. A pesar de tener un aspecto de persona mayor y ropa vieja el hombre se mueve con la velocidad y energía de alguien joven y cada vez que le miro crece en mí la sensación que le he visto antes.

La niña Dolores corre hacia los niños y se une al grupo. El hombre la observa un rato y después se acerca caminando hacia donde estoy. Mientras llega veo que Dolores se pone a jugar con unas piedras. Se le ve muy concentrada.

—Esas piedras son un conjuro para abrir el resto de su vida—. Me dice el hombre.

—¿Qué?—

—Nada. dejalo—. me dice ya a mi lado mientras observa a la niña.

—Tu cara me suena. ¿Nos conocemos?— le pregunto ya que esa sensación de familiaridad es cada vez más grande.

—Si te empiezas a acordar de mí es que estás empezando a estar más a este lado—. me contesta.

—¿Podrías hablar más claro? La mitad del tiempo no tengo ni idea de lo que hablas—.

—Eso es que todavía te queda mucho al otro lado—.

No le contesto pero se me ocurren unas cuantas lindeces que decirle. En ese momento una brisa mueve las orejeras del gorro y a pesar de su ropa y del aspecto de hombre mayor, me recuerda muchísimo al dios Mercurio. El mensajero. Tomando en cuenta el sitio donde estoy le pregunto:

—¿Te llamas Mercurio?—

Sorprendido me mira y después me sonríe. —-Tengo muchos nombres, pero sí ese es uno de ellos, aunque hace mucho que no me llamaban así—.

—¿Y por qué el mensajero de los dioses va vestido de esa manera? ¿Y qué haces en mi sueño?— le pregunto avistando algo de la realidad en que estoy.

—No es tu sueño. Tú estás muerto. Este sueño es el de Dolores y por eso tengo este aspecto. Con cualquier otro me olvidaría en poco tiempo y es importante que me recuerde. Honestamente no sé qué haces tú aquí. Sospecho que alguna vez conocerás a Dolores y por eso te ha dejado entrar— .

—¿Y porqué estás tú aquí?— le pregunto extrañado de ver un dios pagano en un sueño de una niña hablando con un muerto. Después de todo yo soy, o era, cristiano protestante.

—Uno de mis trabajos más importantes es el ayudar a las almas a cruzar al otro lado. Como Mercurio les ayudaba a llegar bien donde el barquero. Es lo que estoy haciendo contigo—.

Caronte, el barquero

Caronte, el barquero del inframundo

El corazón me da un salto y miro hacia el río esperando ver una barca con aspecto tétrico acercándose lentamente siendo guiada por un ser que me pedirá dinero. Pero no hay nada de eso. Solo un paisaje bucólico y unos niños jugando. En ese momento oigo un silbato y veo que a lo lejos un pequeño tren de dos vagones se acerca soltando vapor y humo. Sospecho que esa es mi barca y le quiero preguntar a Mercurio, Hermes o como sea que se llame ahora, pero se ha alejado y está hablando con la niña. Le coge la mano y camina con ella hacia la pequeña estación. En ese momento el tren, que ya ha llegado, para en el andén y veo que ya lleva pasajeros. Mercurio apunta hacia el tren y puedo oír que le dice a Dolores que si quiere, puede subir. La niña mira el tren, mira a los niños jugando y toma una decisión. Le suelta la mano y corre hacia los niños.

—Creo que esa ha sido una buena decisión—. Me dice mientras se acerca a mi. —Sube al tren, ahora solo te espera a tí— .

—¿A donde me llevara?— le pregunto un poco harto de no comprender qué está pasando.

—No te preocupes. Poco a poco irás recordando, y gracias por recordarme a Mercurio. Era muy guapo en esa época y tenía suerte con las diosas—.

Le dejé allí y me subí al tren. De las personas que hay dentro no conozco a nadie. En el segundo vagón hay un chico con uniforme Inglés que me mira asustado. El tren da dos silbatos seguidos y empieza a moverse. Me giro para mirar por la ventana. Mercurio sigue allí con su mirada perdida en el pasado y sonríe. Veo a Dolores observar cómo se aleja el tren agitando la mano, despidiéndose. La voy a responder pero desaparece cuando este coge la curva.

Seguir con el capítulo 2…

Capítulo dos.

Me quedo de pie en el vagón al lado de la puerta mirando por la ventana pero al llegar a la estación final, no recuerdo nada del viaje, ya que estaba absorbido en recuerdos de cosas que empezaban a volver a mi memoria. La que está por encima de las demás es que debía encontrarme con alguien muy importante, pero no sé quién es. Me percato que el tren está detenido en una estación enorme como la de Berlín y la puerta del vagón está abierta. No queda nadie en el vagón.Fuera veo a alguien que me sonríe y me hace señas. Es una mujer bastante joven, alta, pelo rubio largo y va vestida de blanco, que me parece muy familiar, pero estoy seguro de no conocerla. Me bajo y la saludo.

Schwechten Franz (1841-1924), Anhalter Bahnhof in Berlin

Berlin Anhalter Bahnhof

—Hola. ¿Nos conocemos?—

—Me llamo Ingrid. Soy tu abuela materna—.

Como ya no me sorprendo por nada la observo con más detalle y me doy cuenta que se parece a mi madre y bastante. Era por eso que me parecía familiar.

—Mi madre me dijo que habías muerto joven por una enfermedad durante la primera guerra mundial—.

—Así es. Es por eso que estoy aquí. Es responsabilidad del familiar o amigo más cercano el esperarte y ayudarte a cruzar al otro lado—.

Por un momento me pareció triste que la única persona que pudiera estar allí fuera casi una desconocida, pero después pensé que también eso podía significar que mis personas cercanas todavía estaban vivas.

—Gracias. La verdad es que todo esto es muy raro. Jamás imaginé que el morir fuera así—.

—Es muy diferente para cada persona, pero lo tuyo sí que ha sido diferente. Desapareciste por un tiempo de un lugar que es imposible desaparecer. Al final resulta que sí es posible con la ayuda de alguien pero poco probable—. Me dijo sonriendo. Parece estar orgullosa. —Ven. Acompañame a esa sala que debes descansar y recordar más de este lado antes de seguir—. Me dice apuntando a una pequeña y acogedora sala pegada al andén. Antes de entrar oigo un silbato y otro tren, pero algo más grande que entra en la estación. Se baja mucha gente, la mayoría de uniforme británicos, franceses y alemanes todos juntos. La vida es la vida, y desde este lado las guerras, fronteras y países son poco más que tonterías. Entre ellos hay algunos con uniforme de la Luftwaffe y puedo reconocer a mi capitán. Antes de poder saludarlo mi abuela me coge del brazo y me tira hacia la sala.

—Venga. No vayas a liarla más. Que los protocolos están por algo—. me dice cerrando la puerta.

—¿Protocolos para muertos?— le pregunto sorprendido.

—Claro que sí—. me contesta. —Por lo menos en el proceso de transición. Túmbate en esa camilla y relájate. Los recuerdos te vendrán solos.—

Más que una camilla es una cama pequeña de madera sólida y muy cómoda. Me tumbo preguntándome qué será lo que recordaré. Estaba en ese punto justo antes de dormir pero todavía consciente, cuando me viene una cascada de recuerdos. Me levanto y gritó.

—¡¡Jodér!! ¡¡¿Pero qué coño ha pasado?!! ¡Yo no debería estar aquí!—

—¡Niño! ¡No digas tacos! — me responde mi abuela. Después de unos segundos sigue, —…y es normal reaccionar así ante la muerte. No te preocupes.—

—Pero si la muerte me da igual—. le respondo bajando el tono. —Esta es mi tercera vida donde debía encontrarme con mi alma gemela, y no ha ocurrido, cuando me prometieron que sí ocurriría.— le contesté mientras seguía recordando cada vez más y de pronto supe quién y qué era.

La miré a los ojos y siendo ya plenamente consciente de quién era, le dije —Sé quien soy—.

Me miró sorprendida y con cara de preocupación abrió la puerta al otro lado de la sala y llamó a alguien. Volvió conversando con otra persona vestida igual aunque no pude saber si era hombre o mujer.

—Este es Dara, es uno de tus amigos más antiguos—. me dice. —Yo ahora te tengo que dejar que esto me supera. Mucha suerte pequeñín—. me dice mientras me da un abrazo.

—Hola Antares—. me dice el desconocido/a que me parece cada vez más familiar.

“¿Antares?” pienso, pero mis prioridades están claras y son otras. —Sé quien soy. Quiero hablar con el círculo de antiguas ya que no han mantenido su palabra—. le digo sintiéndome cada vez más enfadado.

—Creo que deberías quedarte aquí un rato más y recordarlo todo antes de hacer eso. Si lo haces ahora te puedes arrepentir—. me contesta.

Sé que tiene razón, pero ya estoy tan enfadado que me da igual.

—Estoy harto. Quiero hablar con ellas ahora—.

—Si estás seguro, te llevo—. me dice y se queda esperando sin hacer nada.

—Que sí, que estoy seguro— le digo al ver que espera algún tipo de confirmación.

Seguir con el capítulo 3…

Capítulo tres.

Salimos por la otra puerta y cruzamos algunos pasillos, salas, algún jardín y mucha gente que iba y venía con mucha tranquilidad. Algunos hacen amago de saludarme, pero una mirada de Dara y rápidamente miran para otra parte haciendo como que no me conocen. Me da bastante igual. Me siento traicionado y quiero solucionarlo lo antes posible.

Llegamos a una sala bastante oscura. Parece ser grande ya que aunque hay una luz que ilumina a un grupo de unas seis personas que por su vestimenta me recuerdan a imágenes de senadores del imperio romano. Puedo ver más personas fuera del haz de luz y después más siluetas, por lo cual deduzco que hay bastantes y la sala debe de ser grande.

Me acerco al grupo de personas y veo que más que un grupo de antiguas parece más un grupo de ancianos ya que solo hay una mujer y el que me saluda es un hombre. El resto no me dirigen la palabra y parecen estar molestos conmigo pero los que están fuera del haz de luz no hacen más que mirar.

Senado del imperio romano

Senado del imperio romano

—Antares. Me han dicho que ya recuerdas y que quieres hablar con nosotras—.

“De nuevo ese nombre” pienso. Está claro que no lo recuerdo todo y eso me incomoda, pero la frustración y enfado que siento por la traición de no haber cumplido con su palabra me hace seguir, a pesar de recordar las palabras de Dara diciendo que me puedo meter un lío.
—Antiguas, gracias por recibirme. No voy a perder el tiempo con formalidades y os digo porqué quiero veros. Acabo de volver de esta vida a la cual fui solo para encontrarme con mi alma gemela y experimentar el mundo físico. Esta fue la tercera vez y ha sido la tercera promesa incumplida y me parece increíblemente injusto. ¿Cuándo podré estar con ella? Todas y todos sabemos lo difícil que es encontrar tu alma gemela y cuando lo hago, uso el derecho de vivir en uno de los planetas vivos, pero nada de nada. Siempre pasa algo y no me encuentro con ella—.

—¿Os dáis cuenta que todavía usa género al hablar?— dice la mujer —Yo creo que realmente no recuerda o recuerda parcialmente. No deberíamos ni siquiera escucharle—.

Los demás no dicen nada, pero me observan. No solo me miran, si no que también usan diferentes frecuencias para observarme. Sin estar muy seguro de lo que hago, suelto mi enfado para que todos lo vean.

—No dudamos de tu frustración y tu enfado— me dice el hombre que hace de portavoz. —Pero está estrictamente prohibido que un humano o semihumano tome decisiones o inclusive participe en estas reuniones. Es como si un humano de cinco años participara en decisiones de ministros de algún gobierno—.

Estaba en un momento clave. O les decía que no lo recordaba todo, o me echaba un farol. Opté por lo segundo.

—Todas sabemos que el mero hecho de pedir esta reunión con las antiguas demuestra que recuerdo—. y en mi cabeza añadí “… lo suficiente.”. —También todas sabemos que es mi derecho y que es una situación injusta—.

Después de un largo silencio donde casi me vi que me llevaban de vuelta al cuarto de recordar, me contestó:

—Vale de acuerdo. Sabemos que hay algo raro pero siempre has sido así, por lo que aceptamos la reunión—.

“Así que soy raro” pensé. “Bien, eso me da juego en caso de necesidad.”. En voz alta les dije:

—Gracias. He pedido esta reunión porque esta ha sido la tercera vida en viaje de encuentro que ha sido un fracaso absoluto ya que ni nos hemos reconocido en el mundo corporal. Todas sabemos lo difícil que es encontrar nuestra alma gemela y lo importante que es probar y demostrar la relación en el mundo físico. Por decirlo muy calmada y educadamente, estoy harta de promesas vacías con vidas duras y horribles que no llegan a ningún sitio—.

Nuevamente silencio. La mujer y dos de los hombres se miran y mueven la cabeza de lado a lado.

—Nos está tomando el pelo—, dice ella. —Esto se aclara ahora mismo o rompemos la reunión. Sol, sabemos que este planeta es tu responsabilidad pero no deberías permitir el conflicto de intereses que tu amistad con Antares ha creado nuble tu juicio—.

“¿Sol?” pienso. Tenemos nombres de estrellas.

—Antares. El Libre Albedrío es una de los valores más importantes de las experiencias corpóreas y como bien deberías saberlo muchas veces rompe toda posible planificación…—

—¡¿Tres veces?!— le grité.

En toda la sala se puede oír una inspiración y después silencio. La impresión de que alguien interrumpiera a una antigua les deja sin respiración. Todos y todas me miran boquiabiertos.

La mujer se levanta y está a punto de decir algo cuando Sol levanta la mano. Le pide que se siente y me dice:

—Lo siento Antares. Es obvio que no lo recuerdas todo. Esta reunión queda cancelada y como castigo por tu mentira y manipulación no te permitiremos volver a Terra en diez generaciones. Has destrozado tu posibilidad de encontrarte con esa estrella amiga tuya en mucho tiempo—.

En ese momento recuerdo algo más.

—Este círculo de antiguas tiene todos mis respetos, pero no olvidéis que soy bastante más mayor que la mayoría aquí presente, no soy ninguna jovenzuela. Exijo ser escuchada—.

Sol suspira y me dice —Con eso no haces más que asegurarnos que nos has mentido y manipulado. La decisión se mantiene. Estás castigada—.

Cierro los ojos. Todavía me queda suficiente humanidad como para saber que esto es muy injusto. La rabia sube y sube y de pronto sé lo que tengo que hacer.

—Todas sabéis cómo me siento, así que espero que comprendan esta decisión— y comienzo el proceso de autodestrucción. Por unos segundos mi lado humano pensó con eso llevarse por delante a todas estas presuntuosas viejas pero aunque al darse cuenta de lo que hacía algunas se sorprendieron muchísimo, ninguna tuvo miedo. Yo sabía que tomando en cuenta lo vieja y gorda que estaba que la explosión sería una supernova de la chulas, creadora de elementos pesados, pero claro nadie del círculo estaba físicamente cerca de donde yo residía así que les daba igual. Era un proceso de unos tres minutos hasta el punto de no retorno. Cuando estaba al 5% Sol me dice:

—Antares, ¿Estas loca?—

Supernova

7% —No Sol. No lo estoy, pero parece que esta es la única manera de que comprendáis lo importante que mi alma gemela es para mi—.

10% —Pero si más adelante vas a poder volver. El tiempo de una vida humana no es nada para tí—.

15% —No es eso. Es el poco respeto por el amor de una pareja que demostráis, al igual que por los valores de la humanidad, por lo injusto que es y lo peor es que parece que a nadie le importa.

25% —Nuestra realidad es muy diferente Antares. Estoy seguro que cada vez puedes ver más y más de ella.

35% —Esa realidad que tenéis que atisba el tamaño real del universo y os hace ver el tiempo de una vida humana como algo insignificante o el amor como sin valor, solo empeora las cosas. El universo es muy grande pero la cantidad de amor de almas gemelas es tan pequeño que su valor debería ser astronómico… literalmente.

50% —Silencio. Sol mira a las demás ancianas y todas se sientan, se miran y mueven los brazos o aprueban o niegan con su cabeza, pero no oigo nada de lo que dicen.

70% —Hemos decidido darte otra oportunidad, pero es imposible garantizar lo que ocurre en Terra, por lo cual debes aceptar las siguientes condiciones:

1. Aceptar que es posible que no te encuentres con tu alma gemela.
2. Debes reconocerla tu solo, no esperes nuestra ayuda.
3. Estará en un cuerpo humano con todas sus limitaciones. No será la misma que aquí.
4. Cuando vuelvas con nosotras y lo recuerdes todo, debes asumir las consecuencias de los actos que has cometidos aquí.

90% —Lo pensé por unos segundos ya que no me parecía que cambiara mucho la situación, pero se abría una puerta que antes no tenía.

97% —Vale. Lo acepto—. Respondí y comienzo el enfriamiento para detener el colapso.

Las demás antiguas se levantan y empiezan a salir de la sala charlando en grupos de seis u ocho personas. La mujer me mira y en ese momento supe que no todo estaba perdonando y que mis acciones tendrían un alto precio cuando volviera. Pero ya había ganado muchos recuerdos y también sabía que sea lo que sea que me tuvieran preparado, saldría bien de aquello. En ese momento todo el mundo se giró hacia la puerta. Me vuelvo y veo a Dara entrar con una mujer. El ser mas hermoso que había visto en toda mi vida. Emite una energía que llena toda la sala. Me ve y me sonríe. La sonrisa llena toda la sala de luz, tanto que muchas de las personas que estaban allí también le sonríen. Parece más mayor que yo.

—Acabo de morir en un accidente de tráfico y no sé dónde estoy. Pensaba que vería a Jesus y pensé que era así cuando vi tu luz, pero me dí cuenta que tú eres mi gran amor. El que esperé por tantos años. ¿Quién eres?— Me dijo. Estaba nerviosa y algo preocupada.

—Mi nombre verdadero es Antares—. el suspiro cortado de nuevo llenó la sala. La mujer del grupo de las antiguas que todavía estaba allí me mira con cara de “tu eres tonto” y sale de allí negando con la cabeza.

—Vuelves a Terra y nunca debes dar tu nombre verdadero allí o alguien recién salido de allí—. me dice Dara. —Pero ya que estamos en ello, ella se llama Lintang—. Me guiña un ojo.

—Gracias Dara. Si no fuera por tí este sitio sería insoportable—.

—Jajaja. No está tan mal cuando lo recuerdas todo. Venid. Esto hay que hacerlo lo antes posible—. me respondió.

Salimos de esa sala oscura y caminamos por unos pasillos bien iluminados en los que a través de amplios ventanales a veces se ve el paisaje de las colinas, por otros una gran ciudad desconocida llena de luces y colores y por otro el espacio lleno de estrellas y un planeta azul y blanco muy hermoso. Junto a esa última ventana hay una puerta que cruzamos los tres. La sala solo tiene tres paredes. La del fondo no existe y solo se ve ese planeta azul y blanco que lo llena casi todo. Nos acercamos hasta allí y miramos el enorme planeta.

—Es Terra—. nos dice Dara. —Solo tenéis que saltar y volveréis—.

—¿Y cómo recordaremos todo esto?— le pregunto apuntando hacia atrás a la habitación y todo lo que significaba.

—Lo olvidarás todo—. me responde. —Y eso es mejor para realmente disfrutar de esa vida. Venga saltar. Yo ni siquiera debería estar aquí. ¡¡Adiós!!—.

Cojo la mano de Lintang e inmediatamente me siento feliz.

—Volvemos a nacer—, me dice.

—Volvemos a nacer—, le respondo y saltamos.

Seguir con el capítulo 4…

​Capítulo cuatro.

Al principio era una sensación más de volar pero poco a poco cambió a una sensación de caer. Caer cada vez más rápido. De pronto un golpe fuerte nos hizo soltarnos de la mano y Lintang rápidamente se aleja en dirección a otra parte del planeta. Me preocupa el volver a perderla de vista, pero a la vez este pensamiento me llena de paz. Sé que esta vez todo saldrá bien.

Mientras más rápido caigo, el planeta crece y crece llenándolo todo y a la vez cambia convirtiéndose en una enorme bola roja naranja llena de lo que parecen pequeños valles.

Planeta morph

De pronto lo comprendo, es un óvulo humano y es ya tan grande que lo cubre todo. Pienso que desapareceré cuando choque con él, pero más que chocar, entró en él y de pronto mi perspectiva de lo que soy cambia y soy el óvulo y ya no soy gigante, sino que me he vuelto muy pequeño.

—Debo recordar todo lo que ha pasado—, pienso. —Es muy importante ya que no debo cometer errores—.

Pasa el tiempo de una forma muy extraña y de pronto sin siquiera notarlo, nuevamente soy un ser humano. Un bebé en la tripa de su madre y he perdido parte de los recuerdos de ser una estrella o sea lo que sea que era.

—Debo recordar—, pienso.

Un día sin aviso previo empiezo en proceso de separarme de mi madre y volver a ser un ser independiente.

“Debo recordar. Debo recordar” me repetí a mi mismo mientras hago lo que se puede describir como, fluir y entrar en mi nueva realidad. Mientras entro a vivir en ese espacio confinado lleno de sensaciones que parecen ocurrir muy a lo lejos, sigo repitiendo lo mismo, “Debo recordar” y sí que recuerdo lo que tenía que recordar, pero noto que estoy rápidamente perdiendo esos recuerdos.

Muchos años más tarde a través de un sueño recordé mi experiencias con las antiguas, pero el libre albedrío no me preocupaba. Estaba seguro que lograría los objetivos de esta vida incluyendo el reencuentro con mi alma gemela. La vida me había dado muchas experiencias positivas y negativas, pero en ese momento estaba bien.

Llevaba en el coche a mi hermana a su casa. Era tarde y me había ofrecido a acercarla. Giré la esquina de su calle de la ciudad de Nottingham y me acerqué a su casa, que tenía las luces encendidas y de pronto lo supe. Ella estaba allí. En casa de mi hermana, cosa que me sorprendió ya que mi hermana vivía sola con su hijo.

—¿Hay alguien en tu casa?— le pregunto a mi hermana.

—Si. Está Loreto—. me contesta. —Es compañera de clase y necesitaba un sitio donde vivir y a mi me viene bien compartir gastos. Ahora estará con su novio—.

Podía sentir una increíble energía saliendo por cada poro de esa casa. Energía que me gritaba “¡¡ Hola !! ¡Estoy aquí! ¡No pases la oportunidad! ¡Solo tenemos esta!”.

—¿Su novio?— le pregunto a mi hermana.

—Si, suele venir a verla los viernes. Es muy simpática, te caerá bien. ¿Quieres entrar?—.

—No, gracias. Otro día—. Le contesté. Simplemente sabía que ese no era el momento.

Después de unas semanas volví a casa de mi hermana y pude conocerla. Era una chica del norte de España, muy simpática que estaba en Inglaterra estudiando Inglés. Lo primero que me llamó la atención fue que no me reconoció, pero ya me habían avisado que no sería la misma mientras llevara ese cuerpo humano. No se parecía en nada a la que ví en mi sueño que era alta y rubia, excepto su sonrisa, que seguía iluminando con una energía que me dejaba embobado. Yo en ese momento estaba en otra relación de la cual ya atisbaba el fin antes de conocer a Loreto. Ahora estaba seguro. Nos pusimos a hablar y no paramos. Para mí el resto del mundo dejó de existir y por un momento pude atisbar el brillo de Lintang y un nuevo futuro que se abría frente a mi con esa luz a mi lado.

Algunos meses más tarde hablando con una amiga, ella me pregunta si Loreto es la mujer de mi vida. —Sí— le respondo. —Será mi pareja por muchos años y tendremos dos hijos—.

—¿Cómo puedes saber eso?

—Simplemente lo sé— le contesté. —Está escrito en las estrellas—

… y así fue.

Agradezco las primeras lecturas a Loreto Alonso-Alegre y la edición y revisión del texto de Dolores Póliz.

En esta sección podéis añadir comentarios acerca de este relato o invitarme a un café.
Historias que alimentan el alma encienden la imaginación y retan la mente

Si has disfrutado del relato me puedes ayudar a escribir más simplemente invitándome a un café.

Solo tienes que pulsar el botón de «Donar» y poner la cantidad que consideres correcta. ¿Te atreves con 2€?

¡Gracias!

Alejandro.

«Donar» utiliza la plataforma segura PayPal.

Donar con PayPal
Comentarios
Vuestras opiniones son muy importantes para mi y me ayudan a seguir escribiendo.

7 Comentarios

  1. Ximena

    Tu relato me ha hecho viajar por las estrellas!!! Y a comprobar que las almas gemelas, se encuentran… Enhorabuena!!! Muy Bueno!!!!

    Responder
  2. Inelia

    Awww super sweet 🙂 jeez, the airplane nightmare, man. I remember every detail as you had that one for so many years. One way to make sure you don’t forget, huh.

    Responder
    • Tom Bombadil

      The universe sometimes has a nasty sense of humor 😉

      Responder
  3. Sonia

    Sorprendente, intrigante, enganchante. ¿Alguna similitud con la realidad?
    En todo caso me ha parecido una historia muy creativa al poner en liza un trasfondo metafísico con la peregrina realidad. La eterna búsqueda humana. ¿La respuesta simplemente está ahí, oculta tras el velo del olvido?
    Me ha gustado.
    Gracias por compartir, Alejandro

    Responder
    • Alejandro Ahumada

      Hola Sonia,

      Casi todo el relato está basado en recuerdos y sueños de dos personas combinado en un relato. ¿Son recuerdos reales? La respuesta creo que está dentro da cada uno.

      Gracias por tu comentario.

      Responder
  4. Sonia

    Ah! Muy enriquecedor y esclarecedor el enlace a la página de aves y sus cantos

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

author avatar
Alejandro Ahumada Escritor, podcaster y Administrador de sistemas informáticos
Alejandro Ahumada ha navegado su vida entre cambios y constancias, desde los cerros de Valparaíso hasta los valles de Cantabria. Tras la caída de Salvador Allende, que desencadenó una brutal persecución política contra personas como los padres de Alejandro, este se exilió con su madre a los trece años, encontrando refugio en el Reino Unido. Su travesía incluye Escocia, Nottingham, Dublín, Francia y Euskadi, hasta asentarse en Cantabria con su esposa, sus hijos y su gata, Déjà Vu. Ingeniero informático de profesión, Alejandro equilibra la lógica con la creatividad. Como escritor de relatos de fantasía y ciencia ficción, sus historias han sido descritas como "Realismo Mágico Personal". Inspirado por autores como Neil Gaiman, Isabel Allende, Terry Pratchett y Ursula K. Le Guin, su escritura convierte la vida en un lienzo mágico, donde cada experiencia revela la magia oculta en lo cotidiano.